martes, 7 de diciembre de 2010

Digo


La bruxa rendida dejo extinguirse el fuego sobre el que afanada elaboraba el bebedizo para que lombardijas, lombartos y restiles en cientificamente hablando pudieran amarla.Se sentía un ser monstruoso y entre aquellas cenizas bajo su pote apenas acertaba a ver su reducida,consumida y diminuta luz.

Decidió atravesar el puente y entregarse al mundo de la magia.

Dieron una fiesta a la cual dejaron ser, libre de expectativas, surcando mil resintencias... hasta que fluyó y fue sin más.
En aquella energía oscilante se propuso un juego.
La reina de las hadas salto el muro de las normas interpretándolas libremente.Extrajo su lengua trompa con los sabores de los más deliciosos néctares y la deposito en el más audaz pabellón auditivo, sin duda estamos hablando del rey de los elfos.Este prosiguió el círculo traduciendo en su lenguaje la experiencia.Y ese amor hecho oratoria nos recorrió a todos hasta la última esencia.
El juego se cerraba al pronunciar en voz alta el mensaje transformado y transformador.Entonces la bruxa llegando a su fin declamó extrañada:
-En el extremo del rinrin
Y fue entonces cuando el íncreible hombre caracol rompió el silencio sacando su lengua al Sol y desde lo más profundo de su ser exclamó:
-¡Pero qué cosa más bonita!

Resonando dentro de ella como un conjuro,su carcasa fue el contingente de una explosión implosiva de las más lindas luces y colores.Sintonizó con la diosa hada que habitaba sus entrañas retornando a su cueva incandescente.

En la mañana siguiente a ese día que valió por tres recibió la visita grandilocuente de un espontáneo restil que saltó al ruedo de la seducción y a la tentación de la carne.Pero habia sido insuflado en ella el amor verdadero y ya habitada, no dió permiso al hombrecillo.
Se despidió agradecida de la última lombartija de su vida y tras llenar una bañera de llanto sacó el tapón desalojando su pensadero habitaculo de amarguras, sinsabores, miedo a la soledad y apegos apagantes.
Durmió.No mucho.Fue despertada por lo invisile para escuchar sus palabras.

Llena de gozo se puso a escribir.
"Es así como sientan tus colores en mi lienzo"

Locuras

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